Alcalde Francisco Antonio Villalobos Adán en Atlacholoaya
- by Redacción

Comparece en calidad de acusado por el delito de cohecho
Por Máximo Cerdio
Xochitepec, Morelos, México; 11 de noviembre de 2020. Visiblemente enojado bajó el alcalde Francisco Antonio Villalobos Adán de un vehículo con vidrios polarizados a los juzgados del penal de Atlacholoaya. Iba con las leves huellas de las caricias de la erótica playa de Acapulco en la cara, con un blazer gris a cuadros, pasado de moda, sin corbata, pantalón y zapatos oscuros, con paso ligero, seguido por su defensor particular.
Llegó a las 7:23 de la mañana, muy temprano para evitar reclamos de un grupo de trabajadores, de los más de 350 que aseguraron fueron despedidos por él de manera injustificada, que un día antes, habían advertido con apersonarse a “gritarle sus verdades”.
En el sitio sólo había algunos reporteros, varias camionetas de policías, empleados del presidente municipal y dos mujeres morenas, apostadas cerca de la entrada de registro, una de ellas con una cartulina blanca en la que se podía leer: “Corrupto y ratero que asta el empleo nos quiere quitar carcel tendrá Villarrobos”. “¡Pinche Lobo ratero! ¡Te fuiste a Acapulco mientras nosotros nos morimos de hambre!” gritó la más baja de estatura. El edil, no volteó siquiera, entró por la puerta de metal y se anotó en una libreta mientras algunos reporteros grababan y otros tomaban fotografías. Una vez que entregó una identificación pasó por un arco sin que se le tomara la temperatura ni se descontaminara las manos con el líquido que había en un despachador de plástico.
Caminó hacia el fondo y se sentó tratando de evitar que le tomaran fotografías desde lejos.

Sin duda, era un día atípico. No hubo «periodistas» que lo abordarán para hacerle preguntas a modo o «sugeridas» por alguno de los muchísimos funcionarios o empleados del área de comunicación social, ni salió ningún pobre de entre el público llevando una cartulina con un texto agradeciendo al edil por una obra más inaugurada: «¡Gracias Lobito!»
El miércoles 11 de noviembre de 2020 fue un día malo para Toño Villalobos, o quizá uno de los peores de su vida: no fue a un lugar donde él sería el principal protagonista y le aplaudirían sus empleados, socios o protegidos y acarreados hasta casi “desangrase las manos” para ser galardonado por su papá, en un evento pagado por el ayuntamiento, con «el micrófono de oro»; tampoco tomaría el micrófono y se compararía con Jesucristo o con Emiliano Zapata en un evento dentro de la sede del ayuntamiento.
El presidente municipal de Cuernavaca, que no llegó al poder por elección de los habitantes de la capital de Morelos, había sido notificado legalmente por un juez penal competente y a fuerzas debía comparecer; no como testigo ni como víctima, sino como acusado: presentaron denuncia en su contra:
“Los hechos que se le atribuyen ocurrieron en la primera semana de agosto. Seis inspectores de Cuernavaca se presentaron al negocio denominado Autocinema, ubicado en privada Rinconada Río Lerma, porque presuntamente el negocio carecía de licencia de uso de suelo y con ese pretexto pidieron al propietario 200 mil pesos para evitar la clausura del establecimiento.
Cristian Luna, dueño del negocio que ofrece servicios de cine teatro y auto cinema, solicitó apoyo a la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción (FECC), cuyos agentes detuvieron a seis personas y tres de ellos admitieron que acudieron al lugar por órdenes de Villalobos Adán para solicitar los 200 mil pesos”. La Fiscalía Anticorrupción les formularía imputación por el delito de cohecho, de acuerdo con la causa penal JC/874/2020.
El acusado se dirigió con su abogado a la sala 3 donde se realizaría la audiencia de formulación de imputación programada para las 8 de la mañana.
Sólo dejaron pasar a diez reporteros, según el juez Isidoro Sandoval, por cuestiones de seguridad debido al coronavirus.

En la pequeña sala había frente al escritorio del juez flanqueado por una bandera de México y otra con el escudo de Morelos, dos acusados (el subsecretario de Protección Civil de Cuernavaca, Gonzalo Alberto Barquín Granados, era el segundo), tres abogados; tres víctimas; representantes de la Fiscalía Anticorrupción, una secretaria estenógrafa, dos asistentes, cuatro policías y cuatro o cinco masculinos dos con cara de pistoleros.
Una mujer policía advirtió a los asistentes que no se podía grabar ni tomar fotos.
El juez Isidoro Sandoval comenzó la audiencia a las 8 de la mañana con 12 minutos, y pidió a las partes sus generales.
-Francisco Antonio Villalobos Adán, acusado –respondió el alcalde, a la pregunta del juez sobre la calidad con la que comparecía.
El edil contestó en tono bajo, no lo hizo con el mismo énfasis con que acusa a sus adversarios políticos de que lo atacan sin razón; o cuando, resguardado por varios guaruras armados y funcionarios y empleados del ayuntamiento, le responde a gritos a los inconformes que lo abordan en la calle; no estaba en las entrevistas pagadas ni con “medios amigos” en donde se da vuelo echándose flores, estaba con un juez, que le podría formular una imputación por un delito.

¿Y si lo vuelven a citar por desviar recursos y comprar los diez departamentos, incluyendo dos en Acapulco, y varias motocicletas de lujo de la que es apasionado? ¿Qué habrá adentro del penal? El uniforme amarillo que están obligados a portar los internos es horrible.
“Enrique Paredes Sotelo despidió a Antonio Villalobos del área de Gobernación, al comprobársele diversos actos de corrupción.”
El juez le dio una regañiza a la representación social, es decir, a la parte acusadora, ya que por su culpa iniciaron doce minutos tarde la audiencia: la carpeta de investigación era tan voluminosa (aproximadamente cuarenta centímetros de grosor), que tardaron mucho en hacer las copias.
La consecuencia de esta omisión fue el diferimiento de la audiencia por petición de los defensores particulares de los acusados: “se señalan las 12 horas del día 27 de noviembre del años en curso”, resolvió su Señoría.
Asimismo, a percibió al alcalde para que compareciera, de lo contrario se podría considerar sustraído de la justicia y, en su caso, se podría librar en su contra norden de aprehensión.
Abandonaron la sala los reporteros, las parte se quedaron.

Afuera, los manifestantes que insistieron en formar una comisión de veinte personas para asistir a la audiencia, pero fue rechazada por un funcionario del Tribunal Superior de Justicia; esperaban frente a la puerta de acceso principal al “Lobo”: “Aquí le vamos a decir en su cara que es un delincuente, ratero, inhumano”, pero no salió por ahí, lo introdujeron, junto con el otro acusado, los abogados y guaruras, por un estacionamiento, y de ahí, con las puertas cerradas, pasaron las plumas de la Ciudad Judicial.
Un grupo de aproximadamente sesenta manifestantes le cerró el paso al automóvil, no lo dejaban avanzar y golpeaban el cofre, las portezuelas, el toldo; hasta que la cadena humana cedió y el chofer con sus ocupantes pudo escapar de prisa, entre gritos e insultos.

De nada sirvió que hace algunos días se diera a conocer una encuesta, pagada por el edil según algunos actores políticos, en la que Francisco Antonio Villalobos Adán encabeza las preferencias como firme candidato a la alcaldía de Cuernavaca; tampoco que la revista de publicidad “Alcaldes de México”, haya reconocido a Cuernavaca como “ejemplo y modelo nacional de reactivación económica”, y menos el 29 de septiembre en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca, su papá lo haya premiado con la codiciadísima distinción innominada “Micrófono de oro”; el presidente municipal de Cuernavaca, Antonio Villalobos Adán, no salió por la puerta por donde entró para encarar a los trabajadores que alegan despido injustificado; huyó por la puerta de atrás, columbrando por el espejo retrovisor largos insultos y gesticulaciones de la turba que aún volaban luengas y diluidas por el amplísimo cielo azul de Atlacholoaya.
